NOTA DE AUTOR: EL ORIGEN DE MÍSTICA NATURAL


Abril, 2011.


Desde que soy pequeña me encanta leer, quizás se debe a mi pasión por las historias y a mi admiración por la capacidad creativa de las personas que las crean o las relatan en un libro o filmación.



Otra razón podría ser que, anteriormente, a mi mamá no le gustaba que viéramos televisión y nos decía que hasta se parecía al demonio (las antenas sus cachos y el cable su cola); y siendo yo parte de una familia de nueve hermanos, les puedo asegurar que con solo un televisor en la casa raramente podía ver lo que yo quisiera. Debido a que eran contadas las horas para sentarse frente al aparato; pues no me quedaba otra sino leer y leer hasta que mi mente intranquila me dejara dormir.


Cuando tenía alrededor de 11 o 12 años, en el colegio nos mandaron a leer Mujercitas de Louisa May Alcott. Inmediatamente me identifique con Jo y desde entonces quise ser escritora. Esa novela me ha gustado tanto, que podría asegurar que me la he leído más de diez veces (probablemente me estoy quedando corta y la he leído más).



El punto es que, por primera vez, a partir del momento que leí la palabra “El Fin” al terminar Mujercitas, comencé a escribir infructuosamente, porque nada me gustaba, cada intento de borrador era tirado a la basura una y otra vez.


Cuando tenía 18 años, escribí un cuento corto, un tema oscuro debido a la influencia que Horacio Quiroga tuvo en mí. A mi amiga Cynthia le encantó de inmediato y me lo pidió para usarlo como base para hacer un cortometraje para la universidad, ella estaba estudiando primer año de Comunicación Social en la UCAB.


Pasaron 12 años y mis intentos de escribir siguieron siendo, a mi parecer, pobres.



Durante ese tiempo me dediqué a otras cosas exitosamente. Gracias a mi facilidad para desenvolverme en las entrevistas, conseguí valiosos trabajos y mi desempeño laboral en cada uno de ellos conllevó reconocimientos y ascensos. Asimismo, en la universidad, donde estudié una carrera que no tiene nada que ver con mi fascinación (la literatura de ficción), logré buenas calificaciones y mi  tesis obtuvo una mención honorífica. En ese entonces descubrí que la investigación y el desarrollo de mi trabajo de grado, compensaban, de alguna manera, ese deseo de escritura, y sin darme cuenta, me encontré dedicada a asesorar tesis ofreciendo a otros resultados académicos satisfactorios iguales a los míos.


Consecuentemente, por circunstancias de la vida, caí en un estado emotivo errático y estaba dando tumbos sin ninguna dirección. Me encontraba sumida en la desidia y el desinterés. Para el momento, lo único que me hacía sentir viva era mi hijo, quien para mí es más que un millón de motivos para considerarme satisfecha. Atenderlo y amarlo era todo lo que necesitaba para levantarme en las mañanas; la verdad, no sé que hubiera sido de mi vida si no fuera por él.



Paralelamente, sin importar que tan convulsionada estuviera mi vida, continuamente he servido de “pañito de lágrimas” para todo el que me conoce, me gusta tener ese rol, me hace sentir útil. Casi siempre estoy bien dispuesta a escuchar los problemas de mis amigos y ofrecerles mi punto de vista y consejos respetando siempre las decisiones que tomen. Creo que mis palabras les ofrecen diferentes panoramas de lo que puede ocurrir si toman una decisión u otra. Es lo que yo llamaría terapia informal e incluso podría considerarlo como una labor vocacional.


Fue así como un día conversando con un amigo me dijo de repente: “Tú deberías escribir un libro”. Sonreí y no le respondí nada, pero me hizo recordar de un intento de manuscrito que tenía escondido en una carpeta, dentro de otra carpeta, dentro de una tercera carpeta en mi computadora. Escondido como si fuera algo de lo que yo debería sentirme avergonzada.


Un par de meses después otra amiga me comentó lo mismo, y un tiempo después, otra… Era como mucha casualidad que en tan corto tiempo, personas tan distintas unas de otras me hicieran exactamente el mismo comentario.


Me decían “tu deberías escribir un libro” como si fuera una obligación, como si hubieran visto un talento en mí que yo no veía y sintieran que era “mi deber” utilizar esa habilidad, crear una historia y plasmarla en papel.



No fue sino hasta diciembre del 2008, que mi hermana mayor, María Valentina, decidió tomar cartas en el asunto en relación con mi estado anímico y mi vida. Comenzó a estar pendiente de mí, a llamarme, a buscarme para que la acompañara a hacer diligencias y a invitarme a quedarme con ella los fines de semana.


Nunca me presionó, ni hizo comentarios sobre mi situación, simplemente un día me preguntó, qué pensaba hacer con mi futuro, si tenía algún interés en particular por algo, que me gustara lo suficiente como para motivarme a salir de mi apatía. Le dije que siempre había querido escribir.


No bien habían terminado de salir las palabras de mi boca cuando me respondió inmediatamente que lo hiciera y sus palabras fueron tan inspiradoras que hicieron un efecto inmediato. No es que yo no me sintiera capaz de crear una novela, siempre supe que podía imaginármela completa, lo que no confiaba era en la constancia para terminar de plasmarla hasta el final en papel; y mi hermana mayor hizo todo lo posible por asegurarme lo contrario.


Comencé a escribir un borrador, y casi obligada me fui con ella a recibir el año 2009 para Monagas a la finca de mi cuñada. Sólo mi hermana mayor sabía la razón de la presencia de mi laptop. Estuve un par de días encerrada en un cuarto, bajo las miradas preocupadas de muchos, al ver que no aceptaba las salidas a pescar o montar caballo.


La verdad es que si no hubiera estado escribiendo, tampoco hubiera aceptado, no estaba de ánimo, seguramente ni siquiera hubiera ido a Maturín. Me hubiera quedado en mi casa “comiendo techo”, como dicen.


En dos días escribí tres capítulos, apenas teniendo una vaga idea de lo que quería. Desde que aprendí a leer me habían fascinado las tramas fantásticas, La historia sin Fin de Michael Ende es otro de mis libros favoritos, lo leí en un poco más de 24 horas sin detenerme.



Adicionalmente, siendo romántica y cursi por naturaleza, sabía que si alguna vez escribía una novela, tenía que contener una apasionante historia de amor.


No había mucho que discernir para tomar esta decisión: mi libro se trataría de Romance y Fantasía.


Una noche estábamos sentados conversando después de cenar, y mi hermana María Beatriz comentó algo parecido a que: “ella creía que si escribía un libro contando todo el tipo de personas que conocía y las anécdotas nutritivas relacionadas con ellas, sería un éxito inmediato”.


La verdad es que yo no estaba prestando mucha atención en lo que las personas a mi alrededor decían; tenía mi mente ocupada en lo que había escrito hasta ese momento y no me gustaba para nada. Estaba pensando en desistir en mis intentos, cuando mi cuñada Kathy, al oír el comentario de mi hermana, se volteó hacia mí y me dijo algo así como: “Tu seguro escribirías un libro buenísimo”.


Mi hermana María Valentina y yo cruzamos miradas, sonreímos y eso fue todo.


Regresamos a Caracas, puse de lado los tres capítulos que había escrito y empecé desde cero.



No podría explicarles cómo surgió toda la idea del mundo mágico y Los Guarnats, simplemente llegaron a mi mente. De lo que siempre estuve clara era que quería escribir sobre un triángulo amoroso, y que quería que el tema fantástico lo rodeara.


Mientras desarrollaba mis notas y la investigación como base para mi manuscrito, caí en cuenta que la verdadera razón por la que quería escribir, era porque quería despertar en otros las mismas emociones que los escritores han despertado en mí con cada una de sus historias.


Y ese ha sido mi norte. Empecé a escribir pensando en la novela que yo hubiera querido leer cuando era adolescente, qué tipo de personajes me hubieran gustado, qué tipo de situaciones me hubieran fascinado, qué tipo de trama me hubiera atrapado.


Mi inspiración ha sido influenciada por todo lo que ha causado cualquier tipo de impacto en mí, positivo o negativo, mi familia (las cinco hermanas Polleo están basadas en mis hermanas y en mí), mis amigas, los libros que me han gustado, las películas que me han hecho llorar, las series de televisión que me han hecho reír, las injusticias que he presenciado u oído que me han causado grandes indignaciones, las canciones que me han hecho soñar situaciones que me gustaría sentir y vivir en carne propia.


Cada detalle fue minuciosamente investigado. Durante casi 6 meses me entregué a mi laptop y la Internet fue mi compañía, me desaparecí del mundo a excepción de mi hermana María Valentina, que se fue enamorando de la historia tanto como me iba enamorando yo.


Utilicé mi experiencia como asesora de tesis para inventarme mi propia metodología. Los trabajos de grado deben ser ensayos “redondos”, no pueden tener cabos sueltos, por eso procuré que cada palabra tuviera relación con todo lo que quería transmitir, que cada letra escrita en Mística Natural tuviera un motivo, que cada tema narrado fuera lo más cerca posible a la realidad actual. Cada lugar descrito fue basado en situaciones y lugares reales, cada parque nacional relatado existe de verdad, estudié geografía e historia para escribir sobre cada ciudad ubicada en países lejanos.



En fin, toda la trama es el resultado de mi deseo por escribir una novela que, aunque fuera ficción, el lector pudiera creerla posible.


Estos fueron los sucesos que permitieron la existencia de Mística Natural, la cual al principio, y durante año y medio después de terminada, no tenía título. Le di vuelta a varias ideas en mi cabeza, e insistentemente quería que el nombre de la novela tuviera relación con la magia y el misticismo de la historia, así como con el tema ecológico que la rodea. La palabra “natural” no se me salía de la cabeza, fue entonces que decidí aprovechar la ocasión para que, al mismo tiempo que titulaba mi creación, pudiera rendirle tributo a uno de mis cantantes favoritos: Bob Marley y su canción Natural Mystic. La conexión es porque que las letras de cada una de sus canciones despiertan en mí un sinfín de emociones cada vez que las escucho, definitivamente me inspira.


Inicialmente, tenía pensado escribir un solo libro, pero a medida que la trama se fue desarrollando en mi cabeza todo empezó a fluir de tal manera, que ahora Mística Natural será una saga de varios tomos, aún quedan muchas historias por contar.


Por ahora, no sabría decirles cuántos van a ser, pero puedo garantizarles que en cada uno de ellos voy a entregarles mi corazón y mi alma.


Espero que disfruten al leerla tanto como disfruté yo al escribirla; y como dicen algunos por ahí: Esta historia continuará…



No hay comentarios.:

Publicar un comentario